Paraguay consolida su mercado inmobiliario como uno de los más atractivos de Sudamérica

El inversor local apuesta cada vez más por el Gran Asunción y las zonas emergentes del área metropolitana, mientras el capital extranjero se suma a un mercado que combina estabilidad económica con rentabilidad real.

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El mercado inmobiliario paraguayo atraviesa un ciclo de expansión sostenida que lo posiciona como uno de los destinos más competitivos de la región. La confluencia de estabilidad macroeconómica, valorización urbana y condiciones crediticias más accesibles consolidó un escenario favorable tanto para el inversor local como para el capital internacional.

Según la especialista en inversión inmobiliaria Judy Rodríguez, el país ofrece hoy condiciones que otros mercados sudamericanos ya no presentan con la misma solidez. La estabilidad del guaraní, el crecimiento de la infraestructura y un entorno tributario competitivo —potenciado por instrumentos como la Ley de Maquila— convirtieron a Paraguay en un polo de atracción para empresarios y desarrolladores de la región.

Rodríguez trazó un paralelo con el proceso que atravesó Colombia cuando obtuvo el grado de inversión, señalando que Paraguay transita hoy una etapa similar de consolidación y posicionamiento.

En cuanto al perfil del inversor paraguayo, la especialista destacó una evolución significativa en los últimos años. Históricamente orientado a la vivienda familiar —con preferencia por casas amplias, terrenos y espacios recreativos—, el comprador local comenzó a incorporar una lógica de rentabilidad a sus decisiones.

Este cambio se refleja con claridad en zonas como San Bernardino, donde propietarios que antes concebían sus inmuebles exclusivamente como residencias de descanso empezaron a valorizar su potencial como fuente de ingresos, dado el dinamismo del turismo interno y la alta ocupación estacional.

El Gran Asunción se perfila como el epicentro de esta transformación. Zonas como Mariano Roque Alonso y Luque concentran el interés de un perfil emergente: compradores menores de 45 años, de segmento medio, que acceden a su primera inversión inmobiliaria —ya sea para uso propio o para renta— apoyados en condiciones de financiamiento más favorables. En varios casos, la renta generada por el inmueble cubre total o parcialmente las cuotas del crédito bancario, lo que vuelve la operación autosustentable desde el inicio.

Rodríguez también diferenció el comportamiento del inversor extranjero, que generalmente prioriza unidades más compactas —monoambientes o departamentos de un dormitorio— con foco en el retorno inmediato. Esta complementariedad entre perfiles dinamiza el desarrollo urbano: mientras el capital internacional impulsa la construcción de edificios residenciales, el comprador paraguayo sostiene la demanda de casas y dúplex, y la combinación de ambos flujos acelera la instalación de comercios y servicios en las zonas en expansión.

En materia de retorno, la especialista estimó que, en el contexto actual de crecimiento acelerado, una inversión inmobiliaria en Paraguay puede recuperarse en un plazo de entre cinco y siete años, por debajo del promedio histórico de diez. No obstante, advirtió sobre la importancia de evaluar con rigor la trayectoria de la desarrolladora antes de comprometer capital, dado que la regulación sobre obligatoriedad de entrega de obras aún presenta vacíos. En ese marco, la confianza en el constructor sigue siendo el principal activo del mercado.

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